Comentarios ampliatorios de Víctor Orbayu sobre el contenido de su trabajo sobre El parque Natural de Somiedo.

lunes, 11 de abril de 2016

ACLARACIONES PARTE 8. LA TIESA.

LA TIESA. LA CONQUISTA DE LA MONTAÑA

Pag. 126. Ampliamos.



La zona del Escobiu esconde una de las zonas montañeras más agrestes de Somiedo, y a la vez, situada en ese elenco de las más desconocidas. Esa peñas calizas que se ven en lo alto hacia el paso de La Falguera una vez situados en el pueblo de Veigas (foto), es terreno que siempre llama mucho la atención al visitante al contemplar esas afiladas peñas calizas, pero es zona de las que sin embargo, el caminante escapa por miedo a acercarse a la amenazante maleza que cubre una ladera bien desconocida por todos, excepto por aquellos pastores de Veigas y La Falguera que en su día conducían sus rebaños de cabras por tales lares.
Como siempre ocurre, no es posible establecer conclusiones definitivas ni dan por sentadas las cosas si no “amillaramos” previamente, porque curiosamente no es esa vertiente de Veigas la que posibilita un buen ascenso a aquellas peñas, sino la espalda de esa montaña, su cara norte, la del Escobiu.



Nos situamos por tanto en El Escobiu, a donde hemos accedido por el camino que sube desde la braña de  Navachos. Fijemos nuestra atención en el buen camino que llega en llano por el Oeste a la casa-teito del abandonado pueblo, y que se dirige desde la citada casa dando vista al frente hacia el monte de Tiblós. Este camino, que es el ya mencionado “viejo camín de toda la vida entre Navachos y El Escobio”, nos sorprenderá por su actual  buen estado de conservación al discurrir bien armado y libre de vegetación, aunque ello sea solo en un primer tramo aunque suficiente para nuestros inmediatos intereses: La Conquista de La Tiesa.  


Panorámica frontal de la vertiente del Escobiu. Nos encontramos en esta vertiente ante una auténtica cumbre, 500 metros de desnivel aproximadamente en una distancia que no llegará a los 2 kms.


Tras llegar en pocos metros a la evidente y cortada peña caliza que cae por nuestra izquierda, volteamos la misma girando al sur y abandonando ya el camino, entramos allí mismo por el rastro de un sendero “de animales” que atraviesa la dura y muy incómoda árgoma. Nos dirigimos en busca de un pedrero.  Aquel citado sendero, puede ser tan real como transitorio, pues hoy existe al haber sido limpiado desinteresadamente a efectos puramente montañeros, por lo que mañana quien sabe.



Las buenas y consistentes piedras, que en otras ocasiones y rutas son elemento incómodo, aquí en cambio las hemos de recibir como salvavidas que sale a nuestro rescate en un mar de espinos y maleza. No pierda el caminante la paciencia hasta llegar a la tchera, pues se encuentra relativamente muy cerca del camino que hemos abandonado. 

Una vez alcancemos el pedrero, ascendemos por el mismo agradeciendo que este acceso nos permita acometer esta cumbre que desde Veigas apenas llama ni tan siquiera la atención del caminante, pero desde la vertiente contraria es una cumbre en toda regla que se alza majestuosa sobre el pueblo del Escobio,  y de las que no se olvidan por su configuración de ésas que gustan por lo agreste de sus afiladas y “cortadas a cuchillo” peñas.



Este paso pétreo, que nos permite un ascenso relativamente cómodo, discurre siempre por la parte izquierda de la subida hasta la entrada del mismo arbolado (el faéu de La Tiesa).
En este tramo donde nos dirigimos ya sin duda alguna hacia el arbolado, nos vemos inmersos en un terreno agreste de verdad, aquí no hay hipérboles ni expresiones edulcoradas de cara a la galería, pues es esta una montaña ruda en su máxima expresión, roca caliza desparramada en terrible alianza con agresivos espinos.
En La Tiesa el ganado cabrío tuvo una importancia considerable; rebaños del Escobiu, de La Falguera, de Veigas, aquí la cabra podía mostrar todas sus virtudes físicas a la hora de pastorear semejantes laderas, y aquí se enfrentaba también a su peor pesadilla, pues hubo un tiempo en que el gran oso pardo no solo comía hayucos y arándanos, sino que atemorizaba a aquellos rebaños levantando verdaderos dolores de cabeza a los pastores locales.
Como ya advertimos anteriormente, nos encontramos en uno de los lugares del Parque de  Somiedo donde el oso se deja ver en la actualidad de vez en cuando, pues es precisamente en estas laderas donde recientemente se le ha visto desde la carretera por los turistas mientras posaba sobre los riscos como presumido modelo.
En la parte alta del monte de La Tiesa hay dos salidas a la cumbrera, pues un estrecho cortado calizo superior divide arriba la cabeza del hayedo en dos partes. En estas dos opciones de salida, remontaremos a la derecha por el ramal boscoso que se dirige hacia el collado que da acceso a La Pena El Viento, gran mirador del monte Tiblós.
El trayecto entre las hayas será relativamente corto, pero nos resultará muy vistoso y de un carácter extremadamente montañero, como todos los hayedos que nacen entre la roca caliza.




Una vez salimos del amparo boscoso y la luz se abalanza sobre nosotros, vuelve entonces a saludarnos la pejiguera árgoma, que aquí se asienta de manera ostensible abrazando toda la repisa superior de esta cumbrera, y acompañando a poderosas moles calizas que si bien desde el pueblo de Veigas apenas se aprecian, en cambio aquí arriba y en primer plano, resultan realmente sorprendentes.



Siempre insisto en lo atrayente que es descubrir nuevos rincones en un Parque Natural como el de Somiedo, esos recovecos que han vivido hasta ahora en el anonimato para montañeros,  y que ofrecen momentos de montaña difíciles de olvidar por esa idea tan instaurada como errónea de que Somiedo ya es bien conocido. Existe un Somiedo desconocido sí, pero La Tiesa supone mucho más, y ello es así porque no solo es su carácter de montaña desconocida lo que destaca, sino además por ser un paraje que se muestra en todo su esplendor solo cuando accedemos a su entorno. La sorpresa para el caminante que accede por primera vez es realmente atronadora, ¿cómo es posible?, ¿por qué nunca he accedido a este lugar?, ¿por qué no me he percatado de lo que esta montaña podía ofrecer?, son preguntas que nos haremos sin ninguna duda, pero que tienen fácil respuesta: porque la configuración La Tiesa se disfraza de montaña de poca importancia y todo el protagonismo lo abarca La Sierra Michu.
Pero volvamos a situarnos en la cumbrera, pues allí  mismo a la derecha tendremos ya la primera cumbre de esta montaña de La Tiesa, así que remontemos el corto trayecto de unos pocos metros que nos separa de la cima de La Pena El Viento (1.240 m), y movámonos entonces por allí arriba con mucha precaución, pues en esta cumbre hay una importante caída al abismo mientras al frente nos observa El Alto Valdegobierno o Alto El Cintu (el llamado pico Gurugú).


Coloquémonos pues donde corresponda y disfrutemos al otro lado de la carretera de todas las canales y barrancos del monte Tibléus (Tiblós), pues se trata éste de un hayedo colgado literalmente de una enorme pared vertical caliza que solo desde esta cima  es posible percibir en toda su justa magnitud. El monte Tiblós es zona de uso restringido, pero no solo no se debe de entrar al bosque por contradecir la normativa reguladora de la zonificación del Parque, nuestra propia seguridad así nos lo exige pues los viejos senderos que cruzaban el interior de este hayedo salvando los cortados se han ido perdiendo en algunos tramos con el paso del tiempo, y solo podríamos llegar a atisbar en muchos casos peñas y barrancos como el Bugón, donde recientemente en una cacería tanto el jabalí como el perro que fatigosamente le perseguía hacia aquella zona, acabaron despeñados por semejante peligroso paraje.
Teniendo en cuenta la orografía de aquel monte, nos sorprenden historias como la de Pilar Otero de quien casi con una cierta connotación mítica se cuenta en Veigas que: “llevaba los sacos de tila agarrados con los dientes para poder cogerse a las peñas cuando cruzaba el bosque”, pero esa fue la realidad de este monte donde en su día se desarrolló una actividad ganadera (principalmente de ganado cabrío)  por cortados y riscos al más puro estilo de “Picos de Europa”.
Incluso resultando igual de sorprendente, en la zona agreste del monte aunque comunicada eso sí con el pueblo por lo que en su día eran buenos caminos, había prados de siega pues completamente escondidas entre el arbolado de la zona del Muruxal existen varias praderas y un par de cabanas ya en evidente estado de deterioro, zona que hoy se ha convertido en solitaria parada de descanso del oso pardo como atestiguan los que por allí de vez en cuando se dejan caer bien en busca de leña, en cacerías o simplemente a comprobar el estado de las fincas. Otro lugar mítico de este monte es la llamada “cueva (de) los ladrones”, impresionante y vertical garganta sin salida superior donde se guardaban en su día las cabras por parte de brañeiros, cerrando éstos el paso por la parte inferior y convirtiendo aquella en un gigante y agreste corral natural.


Recorriendo la cumbrera de La Tiesa vamos salvando los distintos hombros que aquí vienen a desembocar, sierros  de indudable carácter quebrado y calizo, disfrutando además y hacia abajo de la fantástica vista del pueblo de Veigas, percibiendo quizás el porqué de su topónimo (vegas).



Tengamos en cuenta que debemos avanzar progresivamente por la ya tan citada cumbrera hasta llegar hasta el último bloque calizo y buscar allí el colladín de Los Picos, pequeño paso entre la arista caliza que nos permitirá el tránsito a la otra vertiente, es decir  el paso desde el pueblo de Veigas al de La Falguera por el Alto La Cutchada.
Este paso es el único coherente, pues si pretendiésemos voltear la montaña nos encontraríamos con peligrosos cortados.
Una vez llegamos a la última peña (Los Picos) de la última línea rocosa, la montaña de manera irremediable se corta bruscamente en su vertiente hacia La Cutchada, así que nos vemos obligados a descender un breve tramo por la vertiente del Escobio bien pegados a la roca, hasta colocarnos debajo del ya tan comentado paso. El colladín nos resultará  inconfundible pues es el único que nos permite salvar la vertical pared caliza, de hecho tal es su funcionalidad en el paso  que aunque nos parezca increíble hoy en día, es lugar por donde siempre se transportó con cuerdas la madera de haya que se sacaba del “Faéu de La Tiesa” .
Aquí alcanzaremos a comprender en su verdadera magnitud como era antes la vida en Somiedo, pues ésta era una labor que sin duda debía de poner en peligro gravemente la seguridad de las personas. Una vez bajo el estrecho paso, observamos una roca que hemos de salvar por su izquierda y que nos exige un par de agarres nada complicados para un nivel montañero medio, aunque no por ello debemos de pensar que esta ruta es “apta para todos los públicos”, ni mucho menos. Es momento por lo tanto de advertir al lector sobre la naturaleza de esta montaña, cuya agresividad solo es comparable a la de los picos del Robezu, y que en muy pocas montañas de Somiedo podemos encontrar.




Una sobre la crestería de Los Picos, debemos de exprimir todos nuestros sentidos al encontramos ante una bajada que aunque corta es bastante incómoda.


Se trata de un descenso con pequeñas repisas calizas y un descenso que adquiere cierta verticalidad con algo de argaña (hierba larga y áspera).  En este descenso sobre él que no hay nada escrito, es aconsejable a mi modo de ver dibujar una  recomendable “Z” en tres tramos:



1º) salimos a la izquierda para salvar la primera zona vertical situada tras la salida del colladín,  tratándose de varias y pequeñas repisas calizas “peligrosas” pero que podemos salvar con tranquilidad siempre que estemos muy atentos a donde pisamos, 2º) bajamos a continuación hacia la derecha buscando con sumo cuidado una pequeña mancha de hayas, pues en esta diagonal es donde la argaña adquiere protagonismo y resulta bastante resbaladiza, y 3º) buscamos una diagonal descendente a izquierda, tomando como referencia una haya ubicada entre dos peñas, para de esa manera no vernos obligados a descender por la “canaleta central”, que es zona muy vertical  por la que en su día se lanzaba la madera de haya que se sacaba del monte La Tiesa. En este tramo, la árgoma que en otras ocasiones resulta una verdadera incomodidad, nos resulta aquí de gran ayuda pues proporciona muy buen agarre corporal sobre el terreno.


Tras la árgoma, observaremos a izquierda el paso pegados a una haya y el estrecho sendero que tras la misma desciende hacia el Prao de La Cutchada.




Habrán sido unas cuatro horas desde la carretera, pero créanme, inolvidables, tanto si nos gusta este tipo de montaña pues entonces disfrutaremos de la caliza y su hermanamiento con un misterioso bosque, como si no, pues en este último caso pasaremos algún que otro momento tensos y quizás lleguemos a sudar un poco más de la cuenta…permítaseme la broma, pero recordemos de que tipo de montaña hablamos.
Y pensar que es uno de los hermanos pequeños de La Sierra Michu, insignificante a su lado, en fin, cuanto nos tiene que enseñar todavía Somiedo, he aquí una de las cumbres más minusvaloradas del Parque, pero que curioso, de las más montañeras.

lunes, 28 de diciembre de 2015

ACLARACIONES PARTE 7: LA FURADA, EL PUEXU EL AGUA Y EL TÉRMINO FANA



Página 156, ampliamos:




Desde El Chanu la Furada se puede ascender hacia Campos de Gobia sin pasar por la braña de Bustietchu. Se trata de seguir el cordal hacia arriba, no hay más secreto, aunque sí desde luego, sorpresa y de las buenas.

El acierto de la decisión es pleno, pues apenas dejo atrás la campera del Chanu La Furada obtengo respuesta a aquella pregunta que hace tiempo me acechaba, ¿dónde se encuentra el “furao”?. Reconozco que ha sido una mera casualidad, pero pocas veces me he sentido tan orgulloso de descubrir algo sin disponer de información previa. Se trata de una enorme puerta insertada en una peña, aquella que da nombre a este entorno. 




Pero ya no es solo cuestión de La Pena La Furada, el cordal es digno de conocer todo en sí con esas peñas de variadas formas, la vieja alambrada que trataba de impedir  la caída del ganado por la agresiva ladera que cae hacia el Valle de La Tchamera a modo de verticales vatchinas, de nombre Las Argaxadas, y las magníficas vistas sobre las praderías asentadas en el fondo de dicho valle (El Práu Fonso, Los Bravos y Los Práus del Cáscaru) así como la emblemática Pena El Cáscaru.




Tras la empinada cuesta, en ocasiones por cierto bastante incómoda al vernos afectados por la picotera árgoma, el cordal se allana en lo alto presentando una fabulosa campa mientras damos vista abajo a Las Fontes de Campos de Gobia y al Canto La Tchomba, ancho hombro que da fin al Valle de La Tchamera y entrada a la braña de Campos de Gobia (información de esta braña páginas 157-158).

Página 164, matizamos:

CUMBRE DE LA PENA TCHAN DE CABATCHOS O TCHANTACABATCHOS

"...aunque para deambular por su cumbrera, sepamos que es abrupta zona de peñascos y quebrado terreno donde los haya, con continuos riscos y caídas verticales tanto hacia la boscosa Vatchina Punta Los Palos, como hacia la vertical continuidad que forman El Puexu El Agua, La Vatchina El Agua y La Vatchina Sulacueva, un terreno todo ello de una clara naturaleza rebequil".


Y es allí, a 1.659 metros de altitud, cuando tras disfrutar de esas maravillosas vistas  hacia La Franca y La Enramada, me siento en el mismo cordal mirando hacia atrás, y observo un estrecho y verdoso “Callejón” que me llama poderosamente la atención.



Las investigaciones con los ganaderos de Veigas, Villarín y La Tchamera, y los comentarios de Alberto Tapia "Noyar", todo un aventurero del terreno somedano más indómito, me alentaron para descubrir un paso de montaña realmente espectacular, único, e inolvidable: El Puexu El Agua. 
Vamos ahora a descubrir como el acceso a esta cumbre, combinando la ruta de La Cueva Pingona (páginas 160-163 del libro) y este paso, la van a elevar a los altares de la que sin duda es una de las tres mejores ascensiones a una cima del Parque Natural de Somiedo que uno pueda realizar.
Nos situamos por tanto de nuevo en El Alto La Pena, también llamado Cabo Entrecampos.

Al llegar a Entrecampos tenemos frente a nosotros las laderas de peña y árgoma que remontan a la cumbre de La Pena Tchantacabatchos (Tchan de Cabatchos según en El Valle). 
Lo que tenemos que hacer para entrar a ese recóndito lugar llamado El Puexu El Agua de manera adecuada, pues no resulta fácil, es buscar la arista Oeste de la montaña en una diagonal ascendente, buscando a este respecto un evidente collado, para posteriormente y por detrás del mismo, simplemente dejarse guiar por las referencias físicas que han de ser nuestro principal material de ayuda, y que en este caso serán dos: 1º) la vieja alambrada que trataba de evitar el paso de las vacas, y  2º) una peña con forma de doble cuerno; ahí, está la muezca de entrada al Puexu El Agua.




El paso por El Puexu El Agua solo podría estar diseñado por un arquitecto de la montaña, no hay otra opción imaginable, ya que no es posible que exista un paso tan perfecto, tan sorpresivo, tan preciso: esa peña de entrada tan peculiar con doble cuerno, ese sendero tan estrecho que se dibuja en la ladera para salvarnos de la peligrosa y encajonada vatchina que se precipita por nuestra izquierda de manera vertical hacia Sulapena en las inmediaciones de La Tchaguna El Vatche y La Cueva Carlos, y esa rocosa ladera cortada hacia el abismo; todo ello  forma una postal de montaña que no olvidaremos jamás, y que concluirá en el pensamiento de que Somiedo ya no volverá a ser lo mismo...y eso que nos falta por conocer La Senda Las Cabras.
Se ha de caminar por tanto con diligencia, con mucha diligencia, aunque ello no nos impedirá disfrutar con  admiración  de esta porción de un Somiedo muy desconocido, y es que no falla, siempre las misma pregunta: “madre mía, ¿se pasa por ahí?, ¿estás seguro?, ¡vaya sendero!”.






El término “Puexu” (Parroquia de Veigas, Villar de Vildas) o “Puenxu” (Parroquia del Valle), hace referencia a zonas de vegetación herbosa de árgoma, y que se acomodan como pueden entre la peña caliza, es decir, pandas verdes entre un mundo de agresiva roca. Esto supone que normalmente donde hay “puexu o puenxu” hay verticalidad, y en las montañas de estos pueblos los ejemplos son variados: El Puexu Riondo sobre el pueblo de Veigas, El Puenxu Tchargu, Los Puenxus del Argotchu y El Puenxu Los Peniteiros en La Sierra La Vitcha, El Puenxu en La Baba, o El Puenxu La Braña en Murias Tchongas.


Pero no solo será el propio paso de montaña sobre este puexu lo que nos llamará poderosamente la atención, además otros dos lugares acabarán por dejarnos boquiabiertos. Primero, “La Boca al abismo”,  abertura que veremos al frente y que es antesala de una caída al vacío impresionante, pero a la vez un mirador excepcional de las laderas ubicadas al fondo bajo La Sierra Michu.
Situados en este punto, y a los solos efectos de disfrutar de la visual, no podemos olvidar ni medio segundo que la ladera se corta como sesgada por un cuchillo y que ello nos obliga a disfrutar del paisaje pero a la vez mirar de reojo  al terreno sobre el que pisamos.


Realmente ha sido poco el terreno que hemos recorrido hasta este punto desde la ladera de Tchantacabatchos, pero ha sido tan intenso que la ruta se hace extensa en emociones, y es entonces, al regresar al paso, cuando aparece una segunda sorpresa: “El Callejón” de salida del Puexu El Agua.


Este “callejón”, término aplicado en Veigas para calificar al herboso pasillo, y que aparecerá ahora por nuestra derecha según vayamos volteando la peña, es el que permite el tránsito de  la vertiente de Entrecampos a Tchantacabatchos por la espalda de la montaña a través de una empinada y herbosa rampa. Podría parecer que estamos ante un simple paso de montaña, sin más, una orografía que la naturaleza ha dibujado de forma  adecuada para deleite del montañero, pero no, la cosa no se queda ahí porque este lugar también dispone de su historia ganadera.
Todo indica en este sentido y según la información que me llega que el paso fue utilizado en origen por los rebaños de cabras y ovejas, siendo este un tipo de ganado que destacó en el pueblo de La Tchamera. Lo cierto es que este dato tampoco es que nos vaya a sorprender en demasía pues ese tipo de rebaños suelen dominar esta orografía con facilidad al igual, o al menos parecido, a como lo hace el rebeco, aunque sin embargo esto no es todo. El dato que realmente me dejó perplejo en su momento fue la historia de la aparición en escena de la vaca en este entorno y su reivindicación como protagonista en el aprovechamiento de zonas de montaña tan peligrosas como esta para un animal voluminoso y de tosca apariencia.
En una época bien distinta a la actual, aunque lo cierto es que no muy lejana a nuestro tiempo, y a la hora de buscar la zona de pasto, las vacas de la Parroquia de Veigas comenzaron a tener por costumbre investigar todos los rincones de la zona existente desde Entrecampos a la campera de Tchantacabatchos, adentrándose en El Puexu El Agua como una alterativa de paso que no querían desechar. Esta labor de investigación de los animales les permitía descender hacia la cabecera del fayéu de la llamada Vatchina Punta Los Palos, una buena mancha de arbolado que se extiende bajo el citado “callejón”, y desde ahí pasar a la campera de Tchantacabatchos. Este paso que casi podría merecer el calificativo de “fana” dada su verticalidad, y que hoy constituye uno de los pasos de montaña más espectaculares de este Parque Natural, fue lanzadera que posibilitaba a las vacas deambular tanto en uno como en otro sentido, y que muchas veces suponía la mala querencia de aquellas o bien de encaramarse al vacío, o bien en lugar de seguir rumbo hacia la citada campera, a adentrarse vatchina abajo en Punta Los Palos, lo que exigía a brañeiros como Pepe Arias “el de Muruxal” a tener que perderse en el fayéu a horas tardías del día en busca de sus vacas.
La actitud montañera de las vacas acabó por agotar la paciencia de los brañeiros, quienes instalaron entonces una alambrada en las dos entradas existentes a la zona, y es así de esta manera como se escribe la historia ganadera de esta parte de Somiedo, ver para creer ciertamente, algo que si no te lo cuentan sus protagonistas, jamás lo hubieras imaginado. En fin, que son muchos secretos de las vidas de estas gentes que guardan estas montañas, y justo es sacarlas a relucir para que nunca olvidemos que hubo una Asturias de brañeiros controlando su ganado en zonas que hoy son delicadas rutas de montaña.
Lo cierto es que el aislamiento de la zona resulta verdaderamente inquietante al situarnos “en terreno de nadie”, ¿quién puede sospechar la presencia de persona alguna en este lugar?, o mejor dicho, ¿quién se puede imaginar que ni tan siquiera exista este lugar?, en fin, solo los rebecos son testigos de nuestra presencia, desplegando una actitud de verdadera sorpresa, como si fuera un humano que se ve sorprendido por la presencia de un extraño donde jamás ha visto a nadie.


Sepamos asimismo que el paraje cambia de vestimenta en la época invernal  y todo nos parece diferente, como una broma pesada, pues de hecho “El Callejón” es dado a ser fijo anfitrión cada año de un nevero que agradece la perpetua sombra permaneciendo en el paso hasta bien avanzada la primavera, por lo que no olvidemos que aquí desde luego no caben experimentos ni tomarse las cosas a la ligera, y si no es época adecuada, actuemos con cabeza y dejémoslo para otro momento.


El descenso ha de realizarse con tranquilidad pues es terreno muy sombrío como ya adelanté, y por ello proclive a la humedad durante todo el año y que favorece las posibilidades de resbalón. No obstante lo indicado, no ha de haber ningún percance si bajamos concentrados y sobre todo, lo más importante, con el calzado adecuado. El descenso se efectúa en la medida de lo posible pegados a la derecha, cerca de la peña como acto natural que trata de evitar el riesgo de caída, sobre todo en la parte final con una nueva “boca” de salida vertical al bosque por nuestra izquierda. Tres hechos destacan en la bajada además de la belleza salvaje del entorno: uno, el discurrir del trayecto, parecido a una atracción de fiesta, pues primero baja y sin respiro remonta, dos, la vieja alambrada colocada estratégicamente en una especie de colladín “de entrada” por la vertiente opuesta, y tres la cavidad que esconde la peña.




Si hay nieve, pero está "blanda", bien por subida de temperaturas, bien por lluvias intensas previas, podemos descender en "escalón de huella" pero siempre que haya espesor adecuado. No lo hagamos si el espesor es poco, pues la nieve sobre argana convierte al terreno en una pista de patinaje.

  

Tras cruzar la alambrada y el canto o colladín sobre el que se aposenta esta, observaremos sin lugar a la duda el trayecto a seguir hacia la cumbre a modo de pasillo herboso situado entre el gran paredón de Tchantacabatchos y la zona de arbolado cercana al mismo. Tras la bajada, la atracción natural asciende y ahora toca subir en fuerte rampa. El pasillo de subida se irá estrangulando poco a poco según va alcanzando la salida cimera por una muezca que se presume como apasionante. 



La orografía vuelve una vez más a echar una mano al montañero, pues aunque la subida es muy exigente en cuanto a esfuerzo físico, la belleza del lugar resulta apoteósica. En la parte superior, la salida al cordal se efectúa por una preciosa muezca entre peña y peña, pudiendo pasar por debajo bajo una mata de fayas que actúa de inesperada estrella invitada, o salir por la izquierda.



En caso de nieve "blanda" sirven las recomendaciones efectuadas para la bajada.



Al salir, podemos ir a izquierda y elevarnos sobre la peña que mira desde lo alto al "Callejón", y a mucho más.


Desde la muezca de salida remontamos a derecha unos pocos metros y en fuerte pendiente de nuevo, aunque esto ya no es novedad,  accediendo de inmediato a la cima. Simplemente, ¡espectacular!.




Página 7. GLOSARIO DE TÉRMINOS

Efectuamos aclaración sobre los términos Argaxada y Fana.


En Somiedo decir “fana” implica siempre hablar de lo que popularmente se conoce como un “terreno malo”, tanto para la deambulación del ganado como para la actividad senderista del caminante. El topónimo “fana” aparece en muchos parajes de Somiedo, sin que su configuración física aparezca siempre de igual manera a la vista del ser humano, por lo que no es posible a mi juicio establecer una descripción única de los elementos naturales que la componen que pueda englobar a todos los supuestos existentes de fana, sino caso por caso.

En todos los casos, la fana se presenta como una panza o resalte de naturaleza rocosa y herbosa que sobresale de la montaña. Estas panzas pueden ser de poca envergadura en relación a la ladera de la montaña u ocupar en cambio buena parte de la misma. Entre las fanas se suele desarrollar sobre el terreno bien una vatchina siempre de gran verticalidad (en unos casos estrecha, en otros más amplia), bien una encajonada cárcava, y que en algunos casos suponía incluso su utilización como treitas para lanzar la madera desde lo alto.



Dada la fuerte pendiente de las vatchinas que se cuelan entre las fanas, es habitual que por aquellas se deslicen lo que se conoce como “argaxadas” (ríos de piedra y tierra) pues el terreno se ve afectado por aludes de nieve en invierno que acaban arrastrando todo lo que asienta sobre el suelo.
El argayo también puede aparecer en la propia fana, sobre todo en el talud lateral de esta, pues la nieve del alud arrastra terreno por la vatchina y esto afecta a la ladera de la fana cuya pared lateral acaba cediendo.


En este conjunto de fanas y argaxadas, lo que siempre llama la atención del observador es la zona argayada porque visualmente es lo más llamativo, mientras la fana la apreciamos como una loma rocosa, cuya existencia la apreciamos como un fenómeno lógico en la montaña.
A veces en este conjunto destaca la fana por su envergadura, y en otras sin embargo es la argaxada la que destaca en la visual por su amplitud y cuantificación, por lo que al observar una zona de fuerte pendiente afectada por argayos, si vamos al topónimo de la zona unas veces escuchamos “Las Fanas o Fana de…” y otras veces “Las Argaxadas”, depende de cuál de los dos elementos es el principal protagonista en la ladera, lo que al final genera cierta confusión. En realidad no debería de ser así, y ambos elementos deberían de tener su propio topónimo.
Un ejemplo de ello lo encontramos en Los Puertos de Rodrigueiru y su peculiar ladera. Si preguntamos por el topónimo encontraremos el de Las Argaxadas, aunque en esa ladera hay argaxadas y hay fanas.


Por si fuera poco, en otras ocasiones los desprendimientos del terreno son de tal calibre en la ladera que casi todo el protagonismo se lo llevan los argayos de tierra y piedra, un  caos total y absoluto como es el caso del Putracón, aunque el topónimo que prevalece para identificar la zona no es el de Las Argaxadas del Putracón, sino el de La Fana del Putracón.


Pero no acaba aquí la casuística de fanas, pues en otras ocasiones la ladera compuesta de fanas es muy amplia, y lo que predomina sobre el terreno casi por completo es la argana (hierba) a la que se une también la árgoma, de ahí que las panzas y resaltes rocosos apenas se aprecien en la distancia, y muchas de las vatchinas no lleven argaxada pues el alud de nieve se desliza sobre la vegetación, o si la hay quede camuflada bajo la hierba. En estos casos todo se tapiza por el color verde como en Las Fanas que se deslizan desde La Baba.


En otros casos de este estilo, todo se aprecia en cambio por un tono de color amarillento, al ser zona de árgoma y argana expuesta a cara sur, como es el caso de La Fana de Pigüeces, donde además, los resaltes rocosos a modo de fana se mezclan con amplias vatchinas de hierba, treitas pedregosas (cárcavas por donde se lanzaba la madera), y anchas tchombas (panzas herbosas).


Como vemos, cada caso de fana es singular, y ha de analizarse individualmente, aunque como dije al inicio, fana = terreno malo, eso sí que es común a todos los casos, de ahí que en muchas ocasiones donde hay fanas hay alambradas para evitar los accidentes del ganado vacuno.

Por lo que respecta al topónimo de la fana, en algunas ocasiones a un conjunto de fanas se le denomina con el plural: “fanas” (Las Fanas de Fuexu), y entre los ganaderos cada fana tiene su topónimo. En otros casos sin embargo se utiliza el singular “fana” para englobar a todo el conglomerado de fanas en sí.

Las Fanas de Fuexu, en plural, son varias y cada una con su topónimo.


La Fana El Xiblo, singular, aunque observamos varias.